Un curso de informática organizado por la Fraternidad – Misiones Humanitarias (FMHI) empodera a los jóvenes indígenas macuxi y amplía las posibilidades de empleo, comunicación y valorización cultural en la comunidad Raposa I.

La comunidad Raposa I, ubicada en el municipio de Normandia, en Roraima, dentro de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, alberga en su territorio una singular convivencia entre la tradición ancestral y la contemporaneidad. Conocida por las tradicionales ollas de barro producidas por las mujeres indígenas macuxi, por el etnoturismo y por la gastronomía ancestral, la comunidad preserva los conocimientos transmitidos de generación en generación mientras busca formas de dialogar con las nuevas demandas del mundo actual.
Fue en este contexto que la Fraternidad – Misiones Humanitarias Internacionales (FMHI), a través de su cuerpo de voluntarios, llevó a cabo una incursión inmersiva de cuatro días en la comunidad. La iniciativa surgió a partir de una solicitud presentada por los propios residentes de Raposa I, especialmente jóvenes, líderes y artesanos que identificaron en la informática una herramienta importante para ampliar las posibilidades de trabajo, comunicación y fortalecimiento cultural.

La iniciativa dio lugar a una capacitación básica en informática dirigida principalmente a jóvenes indígenas y maestros de la comunidad, abordando contenidos relacionados con el uso de computadoras personales, sistemas operativos, mecanografía, edición de textos, navegación en Internet y almacenamiento de archivos en la nube. En total, 24 indígenas macuxi participaron directamente en la capacitación, divididos en dos grupos, pero la presencia de la Fraternidad – Misiones Humanitarias (FMHI) movilizó a muchos otros residentes en torno a diferentes actividades y diálogos.

A lo largo de los encuentros, quedó claro que el interés por la tecnología no surge como un sustituto de la cultura ancestral, sino como un instrumento de fortalecimiento y continuidad. Entre los participantes se encontraba el joven José Josiel de Souza Militão, de 17 años, un artesano que trabaja con grafismos, tocados, collares, aretes y miniaturas de barro que elabora junto con su madre.
| «Ahora estoy haciendo un curso de informática, porque abre varias oportunidades de trabajo, tanto en empresas como para poder ganar mi propio dinero, en mi caso, para dar a conocer mejor mis artesanías», relató. |

Josiel también contó que siempre tuvo ganas de aprender a manejar la computadora y que ya se da «cuenta de cómo los conocimientos adquiridos pueden contribuir a la difusión de sus trabajos artesanales. En informática también aprendemos a manejar algunas aplicaciones que ayudan mucho a mejorar las ventas de nuestros productos», explicó.
Al igual que él, Rafaela, artesana de la comunidad Raposa I, también relaciona la informática con las posibilidades de fortalecimiento cultural y generación de ingresos. Aprendiz del arte de la alfarería desde la infancia, enseñada por su madre, reconoce en la tradición un patrimonio que debe preservarse y compartirse.

«Es importante porque es nuestra pintura, es nuestra cultura… Y debemos mostrarla, llevarla a otros lugares para que puedan conocer nuestra cultura», afirmó.

Rafaela ve en las redes sociales y en las herramientas digitales una oportunidad concreta para dar a conocer el trabajo artesanal que se realiza en la comunidad. «Tengo redes sociales para dar a conocer las cosas que hago, como la olla de barro, y eso puede, de repente, abrir posibilidades de empleo dentro de la propia comunidad», destacó.
La búsqueda de formación tecnológica también se asocia a las necesidades administrativas y profesionales de la propia comunidad. Según los participantes, los puestos de trabajo en sectores locales, como secretarías, asociaciones y escuelas, suelen exigir conocimientos básicos de informática, lo que convierte este aprendizaje en un importante instrumento de autonomía.

Para el coordinador de etnoturismo de Proyectos de la comunidad, Enoque Raposo, el apoyo recibido representa un fortalecimiento colectivo. «Este trabajo va a fortalecer mucho las actividades aquí en la comunidad, porque necesitamos este trabajo de informática», afirmó.
Enoque destaca que Raposa I ha construido, a lo largo de los años, una experiencia de valorización territorial basada en el protagonismo indígena. El etnoturismo desarrollado en la región, uno de los proyectos actuales, busca presentar a los visitantes no solo las bellezas naturales de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, sino también los modos de vida, los oficios tradicionales, los saberes ancestrales y la relación espiritual con el territorio.

«El mundo está lleno de cambios «y tenemos que acompañarlos, pero nuestras raíces deben preservarse», declaró.
Las actividades de etnoturismo incluyen talleres de alfarería, tiro con arco, cocina tradicional y tertulias sobre la historia de la lucha indígena y la demarcación de la Tierra Raposa Serra do Sol. Entre los alimentos que se ofrecen a los visitantes se encuentra la damorida, un caldo tradicional que se consume a diario en la comunidad.

«El etnoturismo ayuda a preservar esta cultura milenaria», destacó Enoque.
Durante su estancia en la comunidad, los voluntarios de la Fraternidad – Misiones Humanitarias (FMHI) también pudieron conocer aspectos relacionados con la medicina tradicional indígena y los conocimientos ancestrales preservados por los ancianos. Delmiro, una de las referentes locales en este campo, compartió conocimientos relacionados con las plantas medicinales y la relación espiritual con la naturaleza.
«Los remedios provienen de la naturaleza», afirmó. Según él, el territorio está habitado por fuerzas y guardianes que exigen respeto y cuidado. «Todo en la naturaleza tiene dueño. El lago tiene dueño, la sierra tiene dueño», explicó.

Los relatos refuerzan la profunda conexión entre los pueblos originarios y el entorno natural, revelando una visión del mundo en la que la salud, la espiritualidad, el territorio y la colectividad permanecen interconectados.
Aajhmaná, miembro de la Fraternidad – Misiones Humanitarias (FMHI), explica que la iniciativa se construyó a partir del diálogo directo con líderes indígenas, mujeres artesanas y representantes de la escuela local. «Se organizó un diálogo con las «líderes indígenas, mujeres artesanas y directores de la escuela, para identificar oportunidades de proyectos dentro de la comunidad», relató.

Destaca que el curso fue impartido por voluntarios de la Fraternidad – Misiones Humanitarias (FMHI) con conocimientos específicos en informática y tecnología de la información, con el objetivo de responder a las demandas planteadas por la propia comunidad.
«A partir de la solicitud de estos participantes, probablemente organizaremos una próxima edición, avanzando en el contenido y aportando más conocimientos a la gente de la comunidad», afirmó.
Además de la informática, los nuevos diálogos ya apuntan a futuras posibilidades de capacitación en áreas como la agrofloresta, la alimentación, la costura y la fabricación artesanal de jabón, siempre respetando los intereses y las decisiones comunitarias.

La experiencia vivida en Raposa I pone de manifiesto que la tradición y la tecnología no van en direcciones opuestas. En la comunidad indígena, las computadoras, Internet y las herramientas digitales pasan a ocupar un lugar de apoyo a la preservación cultural, la autonomía económica y el fortalecimiento de las nuevas generaciones.
Entre las ollas de barro moldeadas a mano, las historias transmitidas por los ancianos y los conocimientos ancestrales preservados en la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, los jóvenes indígenas también comienzan a descubrir nuevos lenguajes, herramientas y posibilidades de conexión con el mundo —sin renunciar a sus raíces.
